In Memoriam

Quizás tu fallecimiento inesperado podría ser parte del desenlace de algún libro de los que leías… Se me antoja que un final tan rápido, tan silencioso,  solo puede pertenecer al entramado de la historia de alguna novela… no puede ser cierto, no de esta manera.

 

La primera imagen de tu persona la tuve cuando aún era niña e iba a la biblioteca municipal a terminar algún trabajo que nos habían mandado en el colegio. Te veía sacar y entregar libros… Me extrañaba, al fin y al cabo, la biblioteca era para ir  a “hacer trabajos del colegio”. Le pregunté a mi madre y me dijo que eras una señora muy culta, buena persona, luchadora, que leías mucho y que tenías una tienda de ropa en Güímar. Siempre me quedé con esa simpatía hacia tu persona.

 

Los años pasaron y tuve la suerte de intercambiar algunas palabras contigo; bueno, realmente escuchaba más que hablaba. La simpatía de la niñez se tornó admiración.

Me encandilaba tu coraje, tu apasionada manera de defender tus ideales, tu inacabable caudal de conocimiento.

Tras el mostrador de la tienda de moda se escondía una persona apasionada, culta, adelantada a su tiempo…

 

Hoy te hemos dado el último adiós. Como si el autor de la vida quisiera dar una vuelta de tuerca al guión, te vas cuando se conmemora el “día del libro”… el que se dedica a esos compañeros de viaje que un día decidiste incorporar a tu vida y que te acompañaron siempre.  Tú, celebrabas su día cada vez que tu mirada se detenía sobre ellos y tus manos pasaban sus páginas. Me habría gustado conocerte mejor. Ahora es tarde.

 

Descanse en paz Marita Abi Rached.