Efraín Medina y la elección

No se pierdan la entrada del día 25 de junio del blog Canarias Bruta. Ayuda a la comprensión de los asuntos del Cabildo de Tenerife y todo lo que hay por detrás y por delante de lo que se intenta presentar como una entidad modélica presidida por un abuelo jubilado maravilloso tipo Heidi, verdes prados y tracatrán. Y no tengo nada contra los abuelos jubilados maravillosos y supercalifragilisticos espialidosos. Hasta ahí podía llegar. Un respeto para quien puede tener por interlocutor directo al Banco Central Europeo, el mismo que no le quiere comprar los bonos a España y manda a tomar por el tubo de escape a Mariano Rajoy.  Mario, super Mario Draghi, el presidente del banco, no hace ni caso a Hollande, ni a ningún otro dirigente europeo salvo la Merkel, pero mandará billetes en helicóptero para que el sur de Tenerife tenga su camino de hierro rumbo al futuro del tres por ciento. Melchior debe estar fumado de brotes verdes y cogollos de col hojarasca de esos nortes de Tenerife o tiene más cara pétrea que el monumento a los presidentes de los Estados Unidos de América, sí, esas toneladas de piedra que salían en la célebre y celebrada película de Alfred Hitchcock que se tituló en España “Con la muerte en los talones”.

Pero no quería hablar del abuelo sino del nieto que el abuelo tiene domiciliado en Candelaria, asiento del Pozo de la Virgen y del emisario submarino de la Cueva de San Blas, cuyas refrescantes aguas tanto bien hacen a las pieles de los bañistas despistados. El nieto se codea y regodea con los profesionales de lo bello y su publicidad;  y la tal fauna, cuyos integrantes son más listos que los ratones colorados en eso de buscarse el sustento, las habas y el pan duro, se lo vacilan a flor de burro o si prefiere con el denuedo y la intrepidez de quienes tienen la cuenta corriente tiesa y como muerta de pura inanición.

Efraín Medina, que es un hombre que habla muchísimo cada vez que lo entrevistan en las radios, vamos que habla como una ametralladora emplazada para la defensa de una posición asaltada por el paulinato. A Efraín Medina, digo,  le ha dado por conjugar el verbo elegir y se le ha visto la patita. Es que no todo es hablar rápidamente para no decir nada. Hablar y decir algo es un arte, por eso es tan difícil perorar; y tienen dicho los clásicos que mejor es callar que perorar y no decir nada, o hablar de mundos irreales, véase el ejemplo. El personal se cachondea del candelariero con recochineo y a mi que también soy del sur, no me gusta que el personal se refocile del vecino del pueblo de al lado.

Con Efraín  tengo gastados algunos tenderetes, de esos de partido político y tal, y que conste que me ha recibido bien cuando he ido a visitar sus dominios por el monte de los Brezos, hasta una vez me obsequió un plato de carne de cochino asada y vino a mansalva, cosa que le agradezco porque a mi me gusta todo lo del cochino. El mago de Chávez, amigo del papa Rosa y de Tito, médico él, dice que del cochino le gusta hasta la conversación. Pues lo mismo a mi, aunque me suelen apetecer más las orejas, debe ser por eso que me dedico más a oir que a hablar.

Oiga, Efraín, póngase a dieta de oreja de cochino, un suponer, y verá como no le endilgan una modelo hipermegachachi para el premio de eso del tranvía sino que le eligen una señora madura cargada de verdura para el puchero comprada en la Recova, lo cual es algo más asequible al intelecto y da más visos de que monte habitualmente en el tranvía del abuelo o de que monte cualquier otro vehículo, porque a mí me da en la nariz que la dicha morenota no monta en nada, ni nada. Y menos acompañada de barrigón. Ay.