Martingalas y mamotretos

La elección de la lista de los compromisarios que la agrupación local de Coalición Canaria en Santa Cruz ha sido la bomba. El aparato del partido se esmeró en que todo quedase a pedir de la boca de Paulino, pero no fue posible. Cientos de militantes se agolpaban ante la puerta de entrada del partido para ejercer su derecho a voto en la asamblea. Ni la comprobación de que los militantes estaban al corriente del pago de las cuotas durante dos largos días pudo subvertir la realidad. Las calenturas de los oficialistas no encontraban termómetros adecuados para efectuar las correspondientes mediciones. La diosa venganza auspiciada por la diosa democracia.
Hilario Rodríguez se la tenía guardada a Bermúdez. Hacía unas semanas que el alcalde se había dados unos paseos por el distrito suroeste sin llamar a su concejal. Esas mariconadillas del pase olímpico y el ahora no te llamo tienen toda la pinta de haber sido ejecutadas por un mandatario que permanece endiosado en la poltrona y carece de la picardía y el talento que da patearse las calles y oir a las gentes, como hace el amigo Hilario.
Coalición Canaria ha sido tal que una sociedad anónima con un gerente distraido. Existe muchas maneras de distraerse y ensimismarse: el dinero es una de ellas. Mientras los billetes fluyen el mundo es de otra manera y ahí nos las den todas si estabamos en medio de una burbuja de jabón. Por ejemplo, según apunta la polícia, el electricista trincón de la catedral de Santiago de Compostela se mamaba el parné de los cepillos. Un millón y medio trincó sin que el deán cayera en la cuenta del dispendio.
A Zerolo lo ha empapelado por segunda vez el Tribunal Supremo. Este chico de la sonrisa socarrona se va a gastar un potosí en abogados para defenderse de las martingalas que la justicia le imputa, y es que de martingala jurídica a mamotrero de cemento va tanto así como la uña del dedo meñique.
A González Reverón, alcalde de Arona, también lo trae la justicia a mal vivir, a este hombre la innombrable ya le ha puesto el capirote y quiéralo o no va camino del auto de fe donde quemaran su carrera política. Ya veo en las Verónicas de los Cristianos las pavesas de la pira pisoteadas por mil guiris hartos de ginebra de garrafón.
A los empleados públicos los ha puesto el Partido Popular y el Boletín Oficial del Estado a trabajar 37 horas a la semana. Un duro mazazo para unos trabajadores que, en computo anual, apenas llegaban a las 30 horas semanales de trabajo efectivo merced a decenas de cláusulas escondidas entre las farragosas líneas de los convenios colectivos de muchos ayuntamientos y empresas públicas.
Los tiempos cambian.