Presuntas izas y levantamientos

Los que cuidan de la imagen de Juan Carlos andan como locos insinuando a los medios de comunicación que no saquen primeros planos del monarca, y menos si camina. La causa estriba en  que el rey de España presenta signos de envejecimiento y eso no casa con alguien que corinea de lo lindo; aunque el que suscribe no cree nada de esas veleidades sexis que se le suponen al Borbón, entre otras cuestiones porque llega un momento en que ni pastilla azul, ni nada de nada.
Un amigo mío, que no es maestro armero pero que está bragado en resolver los problemas del gatillo y en ayudar con la química a montar armas ajenas, recomienda a sus pacientes una inyección directa en el tronco al árbol fálico. Ese remedio, que uno tiende a desdeñar por lo aparatoso, consiste con un producto milagroso elaborado por unos laboratorios europeos especializados en el asunto de la izada y el levantamiento. El procedimiento es un rollo porque el interfecto tiene que irse de inmediato al catre donde, debidamente advertida de lo que se le viene encima o debajo,  ya le espera ella, o él, adornada de encajes, bolillos, entredós y demás aditamentos estimulantes de la vista. Tan rápido es el asunto, ay, que el afectado ni por esas puede disfrutar previamente de una velada a la mesa y menos disfrutar de manjares tales como las almejas de mar, o especias como el clavo, el clavillo y la madre clavo, suculencias que ya de por sí causan ímpetu y arrojo. Tampoco es cuestión de tentar a la suerte y que se rompa algo de puro aprieto.

P.S. Tenga el cuenta el lector presuroso que no es lo mismo una iza que una izada. Cosas de la lengua. O, como dice mi amiga la concejal Lali para tomarle el pelo a un conocido político local: “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, y no es lo mismo una cosa que otra”. Jo.