El motín de los helados

En el Tablado me enseñaron los rudimientos de la profesión de cabuquero. Entonces a los niños se les enseñaba con desinterés y desparpajo y el Estado no se ocupaba mucho del asunto, más allá de la formación del espíritu nacional. El Opus había tomado el poder para desesperación de la Falange y los planes de desarrollo convertían en regadío las riberas de los ríos de Extremadura. Franco a lo suyo: del tingo al tango, o sea que ora apoyaba a unos y ora a los otros y jamás se metía en política, como él mismo se encargó de aconsejarle a uno de sus ministros.
Franco era listo como una tea y se sabía de carrerilla el último consejo de Alfonso XII a su mujer María Cristina, quién tras la muerte del soberano se convertiría en Regente: «Cristina, guarda el coño y ya sabes: de Cánovas a Sagasta y de Sagasta a Cánovas». Pues el dictador igual, aunque no aspirara guardar lo mismo.
La urbanización de El Tablado nació a barrenazos y algunos de ellos los viví atrincherado bajo el cucharón de una pala de cadenas. Eran los tiempos del desarrollismo y Mariano Rajoy estaría haciendo el bachillerato, supongo; no me apetece lo más minimo instruirme en su biografía. Nacemos haciendo ruido o tremolando banderas.
Por junio a El Tablado se le suelen menear las tripas y el estruendo no deja oir el rumor de las olas al romper contra el acantilado. Tampoco el chapoteo de los caboces en los charcos.
La independencia de los Estados Unidos de América comenzó con el Motín del té, una protesta de los colonos americanos que estaban siendo asados a impuestos por el gobierno de Su Graciosa. A ver si a la chita callando y sin darnos cuenta, porque la historia entra por la puerta de atrás, contemplamos en El Tablado el Motín de los helados. Los americanos del norte se saltaban el monopolio para putear a la Compañia de las Indias Orientales y le compraban el té a los holandeses, que también son del norte, pero como más alemanes y entraban la hierba de contrabando.
Conocí a un alcalde de Fasnia jugando una partida de envite. Pero ese amigo de cartas ya no está en el asunto de la política; y a Germán, el concejal discolo de Coalición Canaria, hace tiempo que no lo veo y no sé si se habrá curado de las heridas que le propinaron los zorros de la cosa. Por tanto, estoy ayuno de información y no sé cuales son las intenciones de los fasnieros. Desconozco si están vendiendo té de contrabando a los rebeldes de la urbanización de El Tablado o si están entrando neveras llenas de helados por la playa de Chimaje en plan estraperlo. He repasado las notas de prensa de la Benemérita y allí no señalan nada acerca de alijos de naturaleza tan fría. Hay algún caso de hierba en playas cercanas, pero es de la otra, de la que se fuma y no la que se utiliza para las infusiones.
Aunque esté dando ideas a la rebelión, quedaría muy vistosa y folclórica una Marcha de la sal contra Luisa Castro, igual que la que llevó a cabo Mahatma Gandhi contra el virrey británico. Porque no sé si se habrán dado cuenta desocupados lectores que la concejal pepera es virreina en el gobierno municipal y contra ella nadie protesta. No es justo ningunearla de tal modo.