Generación X, por Eduardo Díaz Coello

La tercera generación de políticos españoles post-franquistas coincide, grosso modo, con la llamada generación X. En términos generales, son personas nacidas entre 1960 y los primeros años de la década de los 80. En Güímar, casualidades de la vida, esta tercera generación política se hizo con la dirección de todos los partidos políticos, desplazando a los baby boomers (1946-1964). En lo político, que es lo que me interesa aquí, esta generación, especialmente la nacida en los 70, creció y se educó bajo el paradigma educativo y la propaganda del “nuevo régimen” post-franquista. A diferencia de la primera y segunda generación de políticos desde la Transición, que se tuvieron que “adaptar” a (o “crear”) una nueva forma de hacer política, ellos, la tercera generación, nació dentro del aparato de los partidos: fueron escogidos, tutelados y promocionados por sus progenitores políticos (a veces también biológicos) en el seno de un sistema herméticamente cerrado a la sociedad civil y plenamente abierto al Estado. La confusión política-administración (poder-técnica) y la concertación de voluntades (consenso) que era artificial y fingida en sus progenitores es ahora connatural a su ethos político. Como consecuencia de naturalizar lo artificial, o sea tomar el consenso como ideología y no como herramienta, la tercera generación de políticos se desorienta cuando el ejercicio plebiscitario los coloca en la oposición, lejos de lo que ellos creen que es el poder (la administración del Estado) Como no comprenden la naturaleza oligárquica del régimen de poder de 1978 (Concordancia, Conspiración, Consecusión), y, peor aún, como han interiorizado la propaganda y la ideología del consenso, creen ingenuamente que redactando mociones, escribiendo en Internet, yendo a las charlas de un psicólogo en el Ayuntamiento o tratando de quedar bien con todo el mundo lograrán sus objetivos. ¡Cómo si en España hubiese democracia! En el otro lado de la balanza, en el gobierno local, nos encontramos con unas personas que, aunque no se diferencian mucho de las primeras, llevan más tiempo al calor de las administraciones y, por ello, han intuido la lógica del funcionamiento del sistema. Pero esto, si tal, lo dejamos para la semana que viene.