La batalla de mi cocina o no nos llamemos a engaños
Las hormigas amenazan mi casa. Ayer tomaron por asalto el azucarero y su contenido. Seguro que hubo de pasar a mejor vida porque anoche al fregar la loza lo encontré de cuerpo presente entre los cacharros del fregadero. Esta mañana la situación de la zona de operaciones no había cambiado y continuaba el ataque, esta vez desde las profundidades del conducto de la ventilación y con la aviesa intención de tomar al asalto las almenas de mi querido bote de la miel, manjar que acompaña cada mañana mi yogur. La otra mitad de la naranja estaba de los nervios y provista de un insecticida subió a una silla para llegar a la altura de los armarios de la cocina, desde esas cotas que dominan el campo de batalla gaseó sin piedad la interminable fila saqueadora. Allende la cocina me llega el último parte de guerra: la situación está estabilizada y la miel intacta.
Me gustaría hablar del yogur y la miel, sin embargo el editor no muestra su agrado a que hable de dulzuras; por ello, tomándome una pequeña venganza, voy a empezar por Dulce Xerach y su blog. Estos días Dulce es la política de moda en Tenerife. No voy a interpretar sus palabras, entre otras razones porque es una compañera de partido; no obstante, la lectura es obligada para cualquiera que pretenda comprender la realidad política de Coalición Canaria. No se pierdan la parte que se ha autocensurado de su blog y que pueden encontrar en loquepasaentenerife. Interesantísimo un nombre que nos descubre: Carlos Alonso, consejero de Economía y Competitividad del Cabildo de Tenerife. El velo de este hombre ha caído el uno de noviembre. Milimétrica precisión y fino olfato político de Dulce.
Más en lo local, me ha parecido de muy mal gusto la noticia aparecida en el Digital de Canarias sobre la presentación de la candidatura de Ángel Llanos al Comité del Partido Popular en Güímar. Mi aprensión viene dada porque uno o varios de los asistentes a un debate interno del partido filtraron a la prensa parte del contenido con el ánimo claro de perjudicar a un compañero. No es un síntoma de la seriedad necesaria para gobernar un pueblo.
La situación de la economía mundial sigue agravándose. Los dirigentes planetarios han sido cogidos por sorpresa y los gabinetes de análisis no tienen tiempo de elaborar previsiones de ningún tipo porque la velocidad de los acontecimientos impide una fotografía fija para diagnosticar la enfermedad. La piratería en los mares de Somalia es el más claro ejemplo del despiste general que aqueja a la política internacional. Creo que continuaremos presenciando situaciones de este tipo a lo largo de los próximos meses. Apenas un año atrás hubiese sido imposible un vacío de poder que permitiese el retorno de la piratería endémica a uno de los océanos del mundo. La situación recuerda la piratería del mediterráneo en el interregno de los imperios cartaginés y romano. Había de venir Julio César para que desapareciesen los escollos al comercio mediterráneo mediante el aniquilamiento de la lacra. Quizá India haya sido comisionada para dar un aviso en tanto se renuevan los resortes del poder mundial o, al menos, se ocupan del asunto ya que están ahora en otras menesteres; entre ellos, la toma de posesión de Obama y, mayormente, tratando de encaminar la gravísima crisis económica.
Atención a la debacle del banco Santander: el valor de su acción ha pasado de 14 euros a 5 euros en el transcurso de 6 meses. Sin entrar en críticas fáciles al discurso de Zapatero que presumía de presidir el país con el mejor sistema financiero del mundo, sugiero al lector que no se llame a engaños. Los demás bancos españoles no van a la zaga del gigante de Cantabria. El crédito no existe en las ventanillas de las cajas ni de los bancos. No nos llamemos a engaños. Seamos solidarios con la sociedad a la que pertenecemos pero también realistas con nuestras economías particulares. La situación no pinta bien. Si el editor me lo permite el próximos días entraremos en detalles. Espero las críticas de los lectores, no importa que sean feroces. A ustedes se debe todo el que escriba en estas páginas.
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El otro día, en un arranque de confusión extrema, cogí mi manual de ciencia política, que tiempo ha robé de alguna estantería, y le dí fuego merecido. Ardió por los cuatro costados. Ahora estoy más feliz; eso sí, buscando respuestas en otros lugares.