¿Para qué sirven las carreteras?

Era de los que creía que las carreteras servían para comunicar dos puntos mediante una vía estable, segura y practicable. La idea, para nada sencilla, debió de surgir en la noche de los tiempos, cuando algún desgraciado, quizás cansado de arrastrar una carga de hierba por lugares impracticables, decidió construir una vía. Sin embargo, y tonterías aparte, yo creo que una carretera es algo más que una herramienta para comunicar dos puntos.

Las carreteras son instrumentos de poder y quien las controla gobierna sobre el plano urbano e incluso sobre la economía de un lugar. Por ejemplo, si usted observa el trazado de muchas nuevas vías o carreteras, que, en la mayoría de los casos, cruzan una zona deshabitada o yerma, se dará cuenta de lo que le digo. ¿Por qué alguien iba a construir una carretera hacia dos puntos ya conectados atravesando para ello un baldío? Pues porque, a través de la construcción de una carretera – ¡y de un tranvía! – se revalorizan los solares circundantes y, lo que es más importante, se abre un nuevo sector a la construcción urbana.

Pero esta movida no sólo tiene que ver con las carreteras sencillas, sino con las más grandes, con las llamadas autovías que, según creo, sus restos sorprenderán a los hombres y mujeres de dentro de 4.000 años. Aquí podríamos referirnos a las vías de circunvalación o a nuevas autopistas que conectan dos puntos ya conectados, como la que pretenden hacer de Radazul a los Rodeos. Y digo yo, ¿verdaderamente estas vías sirven para agilizar el tráfico y hacernos la vida más cómoda a los ciudadanos? ¡Bah!, yo creo que no. La apertura de las vías de circunvalación y la construcción de nuevas autovías a lugares ya comunicados, tiene la única finalidad de abrir nuevos espacios a la construcción masiva y desenfrenada. Si quieren pruebas de esto, percátense del pésimo estado de multitud de carreteras básicas para la conexión de dos puntos, como podría ser la vía que sube hasta Güímar desde el Volcán. ¿Si tan interesados están en facilitar la movilidad de los ciudadanos y la fluidez del tráfico, por qué no adecentan las principales vías de comunicación? Está claro, porque adecentar las vías de comunicación no abre nuevas zonas del plano urbano, es decir, no da dinero.

Otro caso paradigmático de desidia urbanística es el acceso a El Puertito. ¿Cuándo creen que se mejorará, cuando estalle una chispa de responsabilidad civil en el corazoncito de algún lumbreras? ¡Que va! De eso nada. Sucederá cuando el máximo beneficiario de lo que está pasando en El Puertito, necesite no sólo de nuevas vías que faciliten la entrada, sino de nuevas vías que abran más espacios a la construcción.

Así son las cosas. Esta es la triste historia de las carreteras y del funesto destino del dinero público.