Criticaba hace un tiempo JuanMiguel un artículo de Vicent Navarro. Nos decía nuestro querido y bien avezado contertuliano, que la idea de Navarro de que la prensa y el ejecutivo español eran víctimas, directas o indirectas, de la cosa liberal, era pura fanfarria; que los socialistas eran muy socialistas, muy masones y muy malos; muy rojos vamos. Empero, hace algunos días, ha surgido un hecho político trascendental para comprender la deriva conservadora y reaccionaria por la que pasan las sociedades occidentales: un intento de reforma fiscal que no llegó a nada. ¿¡Incrementar las cargas fiscales a los más ricos!? Que cosas, que cosas; a quién se le ocurre. Los más optimistas, afirman que esto es cosa de los aliados del PSOE, sobre todo de los nacionalismos periféricos, probablemente más de derechas que el Pepé, e incluso que la misma Falange – aunque habría que ver cual de ellas. Los más desconfiados, como un servidor, afirman que esto no es más que otra estrategia electoralista y pseudo-populista del PSOE; una jugada orquestada para ocultar su deriva conservadora y no perder el apoyo de ese electorado ‘a la izquierda de…’, siempre susceptible de desvincularse del proyecto del Pesoe.

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