El político sisí

Es lo que tiene ser un político sisí. Un día,, como de costumbre, va y dice que sí cuando debió de haber dicho que no. Eso es lo que le ha pasado a la ínclita alcaldesa de Güímar. El músculo de la afirmación, que estará por el cogote, no sé a qué altura; a ella, a la alcaldesa, se le ha desarrollado a tope, sin necesidad de hartarse de los anabolimanises esos que te ponen los músculos del vientre como tabletas de chocolate suizo. Por el contrario, el músculo de la negación, el que menea la cabeza de lado a lado, lo tendrá más debilucho que las campañas de promoción de Gustavo Pérez, el concejal de marketing.

Aniversario

Una persona a la que apenas conozco me ha gritado desde una acera a otra de la calle que es hoy el aniversario de las Elecciones Generales de 1979, aquellas que ganó Adolfo Suárez sin alcanzar la mayoría absoluta. Esta persona conlleva una de esas situaciones mentales que hacen que recuerde de carrerilla cientos de cifras y fechas históricas, y no entro en más detalles. A mí me las cuenta porque debo de ser de los pocos que le escucha con atención. La Divinidad se expresa de formas inesperadas y, quizá, cuadrar números entre las neuronas venga  a ser también una forma de poesía.

El analfabetismo orgulloso

García Montero, poeta granadino, ha sido nombrado hoy hijo predilecto de Andalucía. Copio una parte de su discurso que ha sido pronunciado con el pensamiento puesto en la caterva de imbéciles que mandan hoy en nuestras instituciones públicas. Algún que otro alcalde de Tenerife tiene a gala ser tan del “pueblo” que aborrece cualquier manera cultural que no sea medrar en los primeros planos de la telebasura nacional, adorar flores con olor a insecticida o propinarse golpes en el pecho que se oyen desde el coro durante las celebraciones religiosas. Ay, mi esternón.

«Si la democracia se degrada, si la gente pierde la confianza en la justicia, si las instituciones públicas y el derecho son invadidos por la corrupción y el impudor, es posible que el pueblo educado hoy por las grandes cadenas del consumo ponga su indignación en manos muy poco amigas de ese pueblo. Las encuestas sobre la lectura en España resultan desalentadoras no ya porque se lea poco, algo por desgracia tradicional, sino por el orgullo con el que se declara el desprecio por la lectura y la educación, el orgullo de ser analfabetos, de no escuchar, de llenar las redes y las televisiones de basura. Por seguir con Antonio Machado, no nos cansemos de recordar lo que Juan de Mairena enseñó a sus alumnos: para que una sociedad sea libre, no basta con poder decir lo que pensamos, hay también que poder pensar lo que decimos».

El discurso completo lo pueden encontrar ustedes aquí.

Facebook no respeta la libertad de opinión

Una amiga, Blanca Nieves de Armas, tiró de tecla de ordenador y escribió unas reflexiones sobre lo que piensa sobre el espectáculo de “Las Burras de Güímar” y sobre el cartel anunciador que el concejal de cultura había presentado a través de una red social. Estas opiniones las publicó en otra red social: Facebook. Una usuaria de esa red, con opinión contraria a la de mi amiga, en lugar de responder con argumentos al escrito rellena el formulario previsto en Facebook para los personajes falsos y los mensajes insultantes. La compañía americana, sin encomendarse a nadie, de manera automática elimina no sólo el comentario sino todo el perfil de mi amiga. Premio a la libertad de expresión. No pongo aquí el nombre de la denunciante porque no puedo demostrar que fue ella quien rellenó el formulario, sin embargo, se deduce de el comentario que hizo en la red a continuación de la entrada de Blanca.

Calvijoman

Imagino que ninguno de ustedes creerá en los reyes magos de oriente, tampoco en las cigüeñas de París; a mí, de oriente me encanta la comida, sea china o japonesa, y, de París, los caracoles con ese toque misterioso de mantequilla; las otras creencias las perdí en la niñez. Por eso, o por ello, no se habrán creído que los hados de la mala fortuna hayan afectado de pronto y a la vez a Susana Díaz y a Pablo Iglesias o, lo que es igual, a Podemos y al Partido Socialista. Los dedos del Estado son largos, muy largos, y cuando algo se les escapa es que están más ocupados en tocar la melodía del navajazo entre sus facciones, que haberlas, háylas.
Seguro que les suenan extrañas estas extravagancias mías pero insisto, y ahora lo traigo a esta tierra de los Clavijos y los clanes de importadores. Insisto: Clavijo durará lo mismo que ellos, lo de los dedos largos, tarden en poner unos dos millones, o tres, de euros para convocarles unas algarabías contra la enorme cantidad de putadas que los clavijeños están gastando a las gentes en materia de sanidad. En Andalucía los dedos hasta le pusieron nombre a la cosa: operación Spiriman. Manda cojones.
Como no haga exactamente lo que le manden de allá, aquí la operación se llamará Clavijoman y al interfecto no lo salvará ni Anita Oramas diciéndole zalamerías a Rajoy en el Parlamento.

Las reclamaciones al presupuesto

De eso hace bastante tiempo. Era yo concejal en la oposición del Ayuntamiento de Güímar y, la verdad, posiblemente, era jodelón con los socialistas, quienes, a la sazón, gobernaban el municipio al calor de las perras que como un maná venían de Europa. Por tanto, a poco aspirabamos los que gastabamos nuestro tiempo en un mero control democrático sin más esperanzas que la dar gusto a la afición que manteníamos por los asuntos públicos y su gobierno. Todos los concejales en la oposición sabíamos que nunca llegaríamos al gobierno porque ya me dirán ustedes cual podría ser nuestro discurso cuando los fondos de desarrollo que Europa mandó a Canarias permitían, por ejemplo, poner iluminación pública la carretera general del sur desde en el tramo comprendido entre el Mirador de don Martín y el túnel de Fasnia. Una obra municipal de una envergadura que hoy es inimaginable.

El socialismo partido

Pepe Segura es un abuelete de la política. Estuvo en activo hasta hace pocos años y ahora se esfuerza, como hacemos todos, en envejecer sin aburrirse. Hoy lo oí en una entrevista hecha por Juan Carlos Castañeda. Andaba yo dando vueltas por el centro de Taco, uno de los sitios de Tenerife con mayor caos circulatorio.

Creo recordar que habló de su libro o de un libro, no sé. Sostenía la  opinión general, la que se encuentra en todos los análisis políticos al uso, acerca de las causas de la caída en desgracia de la socialdemocracia en Europa y, por ende, en España. No voy a insistir en estas causas, pero me llamó la atención un análisis novedoso sobre el socialismo tinerfeño. Se quejaba, por un lado, de la falta de intelectualidad en el socialismo de la isla y, por otro, de la profunda división entre el socialismo del norte de la isla y el socialismo del sur.

Luisa Castro sopla un catastrazo a los güimareros

Una cosa es predicar y otra dar trigo. Una política es dorarle la píldora a los empresarios del polígono de Güímar presentándose como la campeona de la actividad pública que favorece la creación de empleo y otra renunciar a la depredación sistemática al contribuyente. La pátina de política ultraconservadora con la que se quiere adornar Castro de disuelve como un azucarillo cuando de los hechos se deduce una voracidad recaudatoria que entra en colisión con las esencias de la derechona.

Sin llenar el saquito de las perritas no hay dinero para ir a Sálvame y tampoco al Valle de los Caídos, ni para dietas, ni para los garbancitos de los concejales en esos madriles. La tabla de las subidas y bajadas producidas en los Ayuntamiento de España la pueden hallar en este artículo de prensa.

Cisne negro y un candelabro

Luisa Castro es un cisne negro en el estanque de los cisnes blancos de la política. Por ello, aunque me produzca una enorme pereza hablar de ella, no hay manera de dejar de ver y de mirar con cierto detenimiento esa anomalía. Está ahí, enfrentándose y enfrentada a la lógica del ejercicio tradicional del gobierno. Luisa Castro se ha convertido por sus obras en una rareza tan absurda como los mamíferos del orden de los monotrema, que son los únicos mamíferos que ponen huevos.

El cambio de farero

El cambio de turno de trabajo para un farero, en determinadas circunstancias, puede resultar de lo más atrevido, si no peligroso. A la chita callando los chicos y chicas del nacionalismo clavijeño han cambiado de farero en Güímar; no sé si me explico. Y, oiga, el cambio ha sumido a la casa de la calle de Santo Domingo en un muermo. Callados como tusos andan la alcaldesa, los concejales y los acólitos; y ya no les andan tocando los arcos del triunfo a los podémicos anémicos ni a los tururú, tururú del socialismo. A los unos los llamo anémicos por  las carreritas de conejo cansado y los otros los onomatopeyo porque eso oigo a sus militantes de base; ay, ay, que los obreros no se venden al capital; Susanita, cabrona, trabaja de peona.

Thelma y Louise

En la pasada campaña electoral, cuando a todas luces, se auguraba que el Partido Popular incrementaría sus votantes, comentamos en varias tertulias lo paradójico que resultaba que los votantes de la derecha fueran a ser los más perjudicados por las políticas de Mariano Rajoy. Uno de esos misterios que ocurren en la democracia, de la misma manera que en Estados Unidos muchos de quienes apoyan a Trump vayan a ser claros perdedores de sus políticas.

Los yates de lujo del cuento de la lechera

Uno de los mayores misterios de los hombres consiste en dilucidar cuál es el motivo por el que los soldados pueden guerrear sin desfallecer hasta que un mal día una bala acaba con su vida o los mutila.

A mi entender una de las causas es la esperanza de que esa malhadada bala no te toque a ti sino al otro; lo cual no deja de ser una fantasía, más que una esperanza, con la ley de las probabilidades en la mano. Así lo reflejaba un soldado en la Primera Guerra Mundial:

El enterrador Linares

Les mandan enterrador a los chicos y chicas de Coalición Canaria en Arico y el Puerto de la Cruz. Francisco Linares, alcalde de la Orotava, no sin cierto disimulo los pondrá en fila y les calculará la altura del cajón por aquello de ahorrar madera. El enterrador Francisco Linares ha de tragarse algún que otro sapo para que lo dejen seguir diciendo gilipolleces sobre la autopista del norte en los medios de comunicación de Tenerife.

Lencería fina

Como un mes hace que no escribo. He estado por ahí, en Cantabria, y, como comprenderán, más está uno a mirar el paisaje y a los paisanos que a escribir; por mucho que este menester me relaje y me ordene las ideas. Les dejo una frase de Ricardo Peytaví que me ha hecho gracia, quizá porque abunda en la ideas que aquí yo también he expuesto. Se trata de la monja enana; dice Peytaví: «como me comentó un alcalde leonés que ya no está en el PP, quien se enfrenta a la enana —dicho sea con cariño y sin matiz peyorativo alguno—, cava su propia tumba; política, claro».

Cuando la policía detuvo a un príncipe ruso en el Puertito de Güímar

Transcurría el verano del año 1902. Imagino que entonces los güímareros no veraneaban en la playa, al menos como hoy lo entendemos. Un inspector de policía de nombre Ricardo Suárez y una pareja de números esperaba la arribada del palebote “La Estrella” procedente del Puerto de La Luz de Las Palmas. En esta embarcación viajaba un príncipe ruso que había cometido una presunta estafa en Portugal mediante la apropiación de unos sellos valorados en 25.000 francos suizos; el ruso no lo admitió bajo el interrogatorio de las autoridades españolas y vino a señalar que se le reclamaba en Lisboa por no hacer abonado el importe de «unos sellos corrientes» por valor de 10 o 15 pesetas.