Corrupción

El otro día trancaron a Ignacio González (PP, Madrid) en esto de la corrupción. Operación Lezo. Supongo que en honor al mayor anglófilo que ha parido esta destartalada patria. Tirando del hilo, según parece, el ojo de la justicia, que es como el de Sauron pero sin efectos especiales, acaba de señalar a un tal Marhuenda y al presidente de La Razón por coacciones y otros rollos. El motivo: evitar, supuestamente, que Cifuentes meta las narices en los asuntos de Isabel II. Me refiero al canal de agua claro; no a la Jenna Jameson de la monarquía española. Esto es un despolle; una merienda de negros; el coño de la Bernarda. Qué sé yo. Imagino, si me lo permiten, que estamos en el final de un ciclo. Hace unos días, comentando esto con los amigotes, nos acordamos de Rato, paradigma de la mamansa de guante blanco, echando pestes de la corrupción choricera del PSOE. Porque lo que realmente ocurrió, digo yo, salvo en dos o tres lugares donde la pana no pasó de moda, fue la mutación del fenómeno sistémico de la corrupción: de la corrupción marisquera y cutre del PSOE a la ingeniería fiscal de las comisiones y las cuentas en Suiza del PP. Me jugaría medio huevo izquierdo, que duele más, a que ahora, en este mismo momento, en algún despacho o en algún bar cutre con el lindero de la barra lleno de palillos y cabezas de gamba, se está gestando el próximo paradigma de la corrupción. La corrupción como sistema, ya que estamos, es un fenómeno sociológico que se genera, la mayoría de las veces, cuando el poder político no se corresponde con el poder económico. Esto se ve acentuado, como se podrán imaginar, en aquellos lugares donde no existe ningún tipo de control al (o del) poder, como es nuestro caso. Esto explica, entre otras causas, por qué el fenómeno de la corrupción pasó de ser factor personal en el franquismo a factor sistémico con la llegada del PSOE al poder, que es, huelga decirlo, aunque muchos lo hayan “olvidado”, el artífice de la corrupción total en y del Estado. En definitiva, mientras los televisores y el timeline de Facebook se esfuerzan en vincular la corrupción al lucrativo fenómeno del 3% y de la lata del gofio bien escondida en Suiza, es posible que, siguiendo el sagrado ciclo de la corrupción española, la corrupción como factor de gobierno vuelva a sus orígenes choriceros. Pista: no se dejen embelesar por el canto de sirena de la reducción del gasto público de los ayuntamientos del cambio y no pierdan de vista lo que sucede en sus sótanos, subsuelos, catacumbas y otras oquedades. Y lo que el Señor nos dio para hoy que nos de para mañana. Amén.

Mitos, mentiras y falsedades, por Eduardo Díaz Coello

La semana pasada les mentí. Les dije, en una breve columna, que esta semana, si tal, seguiríamos con el tema que empecé a desarrollar. Pero en Semana Santa no se habla de política. Jonathan Swift, que era un cachondo de cuidado, al que ustedes conocerán por “Los viajes de Guliver”, también se quedó con sus lectores cuando publicó una pequeña obra titulada “El arte de la mentira política”. Sucedió tal que así: al final del libro, que, como se podrán imaginar, es una mordaz crítica a los parlamentarios británicos, Swift aseguró a los lectores que el libro tendría continuación, cosa que, evidentemente, no ocurrió. En la aburrida España del “fin de la comedia”, el humor, especialmente el negro, que es el bueno, se ha convertido, dada la fragilidad del régimen de poder de 1978, en el enemigo público número uno del establecimiento (stablishment). A mí, personalmente, me lo han intentado hacer ver en varias ocasiones. Y esto es así porque, sencillamente, la mentira, o mejor dicho, la falsedad, es el motor que mantiene esta ridícula y destartalada maquinaria de poder desde la muerte del dictador. En esta batalla, desgraciadamente, estamos solos. Sólo la prensa independiente (blogs, podcast…) trata de perseguir, a trancas y a barrancas, la fabula del gallo de H. D. Thoreau: levantarse antes que sus vecinos para despertarlos del profundo sueño de la mentira, el fanatismo o el dogmatismo con el molesto quiquiriquí. Cosas de la vida, mientras escribo esta pequeña columna para compartirla con ustedes, un amigo me envía un “guasap” para contarme que Rafael Yanes, patriarca del socialismo local, puso su pica en Flandes, esto es, en un chat de Facebook donde la gente de Güímar denuncia, critica o hace el payaso a partes iguales, a razón de sus intereses en la actual pelea de perros del PSOE. Para ello, trae a colación otro de los falsos mitos del régimen del 78: el congreso socialista de Suresnes. En este momento, según escribe Yanes, nacería el PSOE que propició la “transformación del país en una sociedad moderna”. La convivenvia de “Isidoro” con elementos del agonizante régimen, la corrupción a gran escala, los crímenes de Estado o el desmantelamiento del tejido industrial a cambio de la legitimidad de las socialdemocracias europeas lo dejamos para otro día. Esto, para mi desgracia, que no aguanto la falsedad ni, especialmente, los intereses personales disimulados en mitos o en discusiones ideológicas inexistentes, vendría a sumarse a las tonterías sobre los 40 años de la legalización del PCE o la conmemoración de la II República. ¡Ay, Señor, qué cruz! La semana que viene, si tal, hablamos del gobierno. O no. Yo qué sé.

Generación X, por Eduardo Díaz Coello

La tercera generación de políticos españoles post-franquistas coincide, grosso modo, con la llamada generación X. En términos generales, son personas nacidas entre 1960 y los primeros años de la década de los 80. En Güímar, casualidades de la vida, esta tercera generación política se hizo con la dirección de todos los partidos políticos, desplazando a los baby boomers (1946-1964). En lo político, que es lo que me interesa aquí, esta generación, especialmente la nacida en los 70, creció y se educó bajo el paradigma educativo y la propaganda del “nuevo régimen” post-franquista. A diferencia de la primera y segunda generación de políticos desde la Transición, que se tuvieron que “adaptar” a (o “crear”) una nueva forma de hacer política, ellos, la tercera generación, nació dentro del aparato de los partidos: fueron escogidos, tutelados y promocionados por sus progenitores políticos (a veces también biológicos) en el seno de un sistema herméticamente cerrado a la sociedad civil y plenamente abierto al Estado. La confusión política-administración (poder-técnica) y la concertación de voluntades (consenso) que era artificial y fingida en sus progenitores es ahora connatural a su ethos político. Como consecuencia de naturalizar lo artificial, o sea tomar el consenso como ideología y no como herramienta, la tercera generación de políticos se desorienta cuando el ejercicio plebiscitario los coloca en la oposición, lejos de lo que ellos creen que es el poder (la administración del Estado) Como no comprenden la naturaleza oligárquica del régimen de poder de 1978 (Concordancia, Conspiración, Consecusión), y, peor aún, como han interiorizado la propaganda y la ideología del consenso, creen ingenuamente que redactando mociones, escribiendo en Internet, yendo a las charlas de un psicólogo en el Ayuntamiento o tratando de quedar bien con todo el mundo lograrán sus objetivos. ¡Cómo si en España hubiese democracia! En el otro lado de la balanza, en el gobierno local, nos encontramos con unas personas que, aunque no se diferencian mucho de las primeras, llevan más tiempo al calor de las administraciones y, por ello, han intuido la lógica del funcionamiento del sistema. Pero esto, si tal, lo dejamos para la semana que viene.

Ay, Carmela

Hoy celebramos, dicen, el aniversario de la II República. ¡Ay, Carmela! Tiene tela el asunto. Más que nada, digo, porque las tradiciones republicanas en España brillan por su ausencia. ¿Qué tenemos? Un ensayo de federalismo proudhoniano a la española (1873-1874); y una república parlamentaria (1931-1936/39) institucionalmente muy débil que, no contentos con ello, fue rápidamente eclipsada por un tótum revolútum de reacciones, desmanes, improperios e hijoputadas de todo calibre. ¡Ay, Carmela! Y luego, después de 40 años de aguantar a Paquito y a su cuadrilla de retrasados mentales, salvando a los llamados tecnócratas, que eran los listos de la clase, aparecen unos personajes, que se decían de la oposición y republicanos de toda la vida, que, tras cagarse encima de los miles de españoles que seguían (y siguen) olvidados por las cunetas de media España, se reparten el Estado, los dividendos y dos tercios del empleo público con las agonizantes élites del franquismo. ¡Ay, Carmela! Eso, eso; café para todos. Y es así que llegamos, queridos amigos, a la España de los republicanos de postín. La España loca. ¡Ay, Carmela! Cuando Carrillo, ese ejemplo de democracia y honradez, le comía la boca a Don Manuel Fraga, un demócrata de toda la vida que, por cierto, nunca le tomó el pelo a nadie. Me van a perdonar la gamberrada de hoy, pero cuando veo a la descendencia espiritual del traidor de Carrillo enarbolando banderas me entra un no se qué. Sé que no me harán caso. Pero si alguno de ustedes está por reconstruir los fundamentos del republicanismo en España, mejor se aleja de la clase política y de las instituciones, especialmente de la hipocresía de la llamada izquierda española. Salud y República. ¡Ay, Carmela, la que me espera en Facebook!

De burlas y estafas

Parece que se acabó la tontería de Mimiland. Hasta mucho había durado. Es posible que a ustedes la noticia les coja por sorpresa. No es mi caso. Porque yo, como buen observador que soy, conozco a la perfección el significado de los augurios, los presagios y otras cuestiones de lo paranormal; de las cuales, por cierto, hemos disfrutado las últimas semanas. ¿Cómo? ¿Que miento? De eso nada. Un tiburón en La Charcada, aunque todavía se discute si tiburón, caboso, chucho o pejeperro; una epidemia de amianto, que ahí es nada; un párvulo al mando del Gabinete de Prensa del Ayuntamiento; o una alcaldesa asfaltando veredas. ¿Qué mas quieren? Los presagios, mis escépticos vecinos, apuntaban a algo gordo. Pues aquí lo tienen.

Los dineros de Alcaldía

La alcaldesa dispone de más perritas en la cuenta corriente de Alcaldía. Eso, al menos, es lo que afirma Sí se puede en su blog. De momento la Sra. Castro no lo ha desmentido. Lo que sí ha hecho, muy propio de ella, o de su CM, es sacarle una foto a la concejal de cementerios, comilonas y ágapes para elaborar, como buenamente pudieron, una ridícula nota de prensa. Bajo el titular “La oposición critica que se cree convivencia entre los vecinos de Güímar” pueden ustedes apreciar la bajeza moral e intelectual de sus redactores, solo superada, si ello es posible, por la frivolidad, el cinismo y la hipocresía, all in one, de los comentarios favorables en redes sociales. Vamos a analizarlo.

En primer lugar, es absolutamente necesario traer a colación, nuevamente, la insoportable corrupción política y moral que padece España, de la que ya hablé hace unos días. Sólo así podemos entender cómo es posible que el alcalde de un municipio se atreva a decir en público que un acto de clarísimo carácter electoral, por cierto del cutre, como fue pasear a 600 vecinos por la isla en época de elecciones, sea, y cito, “un éxito de participación donde los vecinos hicieron una jornada de convivencia“. Pues en España es posible. Lo sintetizo: 1), uso de dinero público para un acto electoral; 2), tener el cinismo y la poca vergüenza de decir en público que se trata de un acto de convivencia; 3), argumentar, valga el eufemismo, que los que critiquen el despilfarro de dinero público son enemigos de la convivencia (?); y 4), justificar así que Alcaldía disponga de 27.000€ anuales para hacer Dios sabe qué.

La clase política, Podemos y el pibe de Ofra

Podemos debe ser algo así como el nuevo advenimiento. Madre mía. Ni los socialistas en sus mejores épocas, cuando iban de pana y quedaban con sus colegas en la puerta de la cárcel, disfrutaban de tanta “superioridad moral”. No hay quien les diga nada. Y eso que llegan de la mano de Atresmedia Corporación, una empresita de nada que pertenece a una pequeñísima “cámara de comercio” sin importancia alguna llamada Ibex35. Casi nada. Pues resulta, por ir un poco al grano, que hace unos días, ¡pobre de mí!, no se me ocurre otra cosa sino que burlarme del pibe de Ofra. Quisiera yo, si son tan amables y tienen a bien seguirme durante unos minutos, explicar el sentido jocoso y aparentemente frívolo de mi crítica.

En primer lugar he de decir que me duele, y mucho, que la gente piense que yo soy una persona tan superficial como para burlarme del aspecto de alguien. Otra cosa muy distinta, por ir entrando en materia, es la estética de un cargo público, que se ha de atener, por cierto, a la formalidad de la situación. Si desbrozásemos o deconstruyésemos el significado de lo estético acabaríamos, tras pasar por lo ético, en lo moral. En este sentido digo que la falta de estética – y de pudor – de esta persona y del resto de compañeros – no puedo olvidar la imagen de un bebé al servicio del partido – no es sino el reflejo de su inmoralidad política. ¡Pero cuidado! Si uso a este personaje público para ponerle cara a la corrupcion política y moral que padece España no es, en absoluto, porque crea que Podemos, o esta persona en particular, sea el origen del problema. Ni muchísimo menos. Podemos no es otra cosa que el revival de la clase política española que nació en el consenso de la Transición; eso sí, sin el disfraz de la apariencia. Nada más. Ésa es la innovación política de Podemos: quitarse el disfraz y hacer bandera de la inmoralidad política.

Los Asuntos Psicosomáticos

Solo quedamos nosotros amigos míos… todo el mundo es tonto o moderno. Ramón Yarritu; Acción Mutante (1993)

No piensen que me iba a olvidar del tema del psicólogo. De eso nada. Estaba cogiendo carrerilla – y una pizca de perspectiva – antes de lanzarme a la piscina. La payasada del mes de septiembre, que ya tocaba, viene a cargo de Socorro González (PP), aprendiz de totalitaria y aspirante al #top10 de bufonadas añiles: una terapia de grupo en crudo, sin guisar ni nada, y con un tufillo franquista de los que echan pa’ tras. Risas y fiestas aparte, voy a intentar explicarles, si me lo permiten, por qué estamos ante un acto político infame. Vamos allá.

A vueltas con la piscina, por Eduardo Díaz Coello

Al final no pudo ser. La piscina municipal de Güímar seguirá cerrada. Al menos a corto plazo. Las luces dicroicas ganaron la batalla. Sólo Dios sabe si ganarán también la guerra. ¡Ay, muchachos!, con lo que (les) costó (a ustedes) la desratización científica de roedores subversivos y otras alimañas del submundo sedicioso. Y con el presupuesto impugnado. Así no se puede.
Pero el “luisismo” del segundo advenimiento sigue a tope; de culo y sin frenos; de victoria en victoria hasta la derrota final. Mientras se hable de ellos y la alcaldesa tenga muchos “likes” en su perfil de Facebook – el político, no el personal – qué más da. Mientras, Javier Mederos, el segundo de a bordo – o el tercero, que primero va el Community Manager del Ayuntamiento, parece que, por fin, dio señales de vida. Paco Lobatón tuvo que buscarlo pero, oiga, aquí está, sano y a salvo, vivito y coleando. El pobre hombre lo debe de estar pasando mal. Debe de andar pensando: “sigo con Luisi y me estallo en su huída a ninguna parte; o me voy y dejo que Gustavo pacte con el PSOE-SSP”. Lo tiene jodido.

Luces dicroicas

Todos los días se aprende algo nuevo. A ver, estimados vecinos, ¿quién me puede decir qué es una luz dicroica? Si no saben la respuesta no pasa nada; aquí no matamos a nadie; yo les resuelvo la duda; ¡y gratis!. Una luz dicroica es una luz que tiene dicroísmo, lo que, según la RAE, es la “propiedad que tienen algunos cuerpos de presentar dos coloraciones diferentes según la dirección en que se los mire”. Lo que vendría siendo el Sr. Javier Mederos, que cambia de color según las posibilidades de pactar con la derecha (azul) o la izquierda (rojo).

Y a estas alturas, ustedes, mis queridos vecinos, dirán, ¿a qué coño viene lo la luz dicroica? Pues lo aprendí hoy. En serio se los digo. Esta tarde, mientras echaba una partidilla al “tute” en la playa, me llegó un mensaje de un conocido: “Oye, ¿viste la última nota de prensa del Ayuntamiento?. Canelita en rama”. No les voy a mentir. Sabía que me iba a encontrar con una parida de las gordas; sí, exacto, de esas a las que nos tienen más que acostumbrados. Resulta, por ir abreviando, que en la Web del Ayuntamiento, que alcancé vía Facebook, aseguran, sin cortarse un pelo, que las piscina municipal, sí, la que iban a abrir la semana que viene, no la abren por culpa de la gentuza de Sí se Puede, que, ¡el Señor nos libre y nos guarde!, se atrevieron, ¡impíos!, a impugnarle los presupuestos a nuestra amadísima alcaldesa, la Sra. Carmen Luisa Castro.

Decadencia

Decadencia. No existe un concepto más claro y preciso para concretar, en una sola palabra, qué demonios está pasando en el Polígono de Güímar. Porque la clave de esta extravagancia, lo que convierte una mamarrachada, con todas las letras. en un asunto a tener en cuenta, en un síntoma de decadencia generalizada e irreversible a corto y medio plazo, nada tiene que ver con la peregrina idea de pintar una raya azul a lo largo de un límite municipal. La cuestión, amigos, es la progresiva desestructuración e inacción de los poderes centrales; o, dicho a la inversa, que también vale, la creciente autonomía que están tomando los poderes locales en un clima generalizado de deprecio y desprestigio de las instituciones públicas.

La obrita

Tenemos una alcaldesa cercana. Yo no sé, a ciencia cierta, si la cercanía es buena o mala. Sí pienso, por añadir una reflexión a este disparate, que la cercanía es relativa. Con esto quiero decir que cuanto más nos acerquemos a algo, no sé si a un objeto, a una persona o a una idea, más nos alejamos de otra cosa, sea lo que sea. De igual manera, creo que la cercanía, para disfrutar enteramente de todos y cada uno de sus atributos positivos, debe venir acompañada, necesariamente, de una buena dosis de ternura.

Claro que Podemos

Les confieso, estimados vecinos, que no soy, para nada, un ávido lector de prensa. Todo lo contrario. Un día, ya lejano a mi entender, llegué a la conclusión, no sé si acertada, de que la prensa, especialmente ésa que dicen la oficial, aparte de estar, en su mayoría, muy mal escrita, es, en definitiva, un extraño compendio de medias verdades, subvenciones y dieces por ciento. A pesar de ello intento, en la medida de lo posible, y poniendo a buen recaudo mi tan apreciada dignidad, hacer alguna que otra incursión en el peligroso campo de eso que, tan a la ligera, llamamos información. Hoy, por ejemplo, me encuentro con un divertido titular sobre Podemos en Canarias. Y digo divertido no porque la noticia me lo parezca, que no es el caso, sino porque, ¡ay vanidad!, la incomprensión generalizada, tanto de unos como de otros, acerca de las estructuras formales de un partido de masas, bien descritas a principios del siglo XX, no es sino el caldo de cultivo para la proliferación de miríadas de comentarios, afirmaciones, rechazos e ilusiones absurdas.

Intenciones

Quiero escribir sobre intenciones. Y me gustaría hacerlo sin salir de la vecindad, esto es, de lo local, aunque, muy a pesar, sea un deporte de riesgo. Porque, queridos vecinos, convendrán conmigo en que las intenciones son tan importantes en la vida privada como en la pública. En lo público, que es, por cierto, el objetivo fundamental de estas breves reflexiones, estamos rodeados de intenciones; pueden ser buenas o malas, estar mejor o peor enunciadas, ser lícitas o ilícitas, lo mismo da; si abrimos un periódico o escuchamos, un poco a hurtadillas, las discusiones de los parroquianos, nos daremos cuenta de que lo poco que percibimos de eso que tan ingenuamente llamamos política son, precisamente, las intenciones; en un año pre-electoral  ni digamos. La mayoría de intenciones políticas son fruto de la ignorancia o de la corrupción política generalizada. Pienso, por ejemplo, en ese extravagante popurrí de intenciones cuyo objetivo es, aparentemente, favorecer el comercio local. Vamos a obviar, en esta ocasión, el interesante debate sobre si es apropiado o no que el Estado, es decir, lo público, interfiera, para bien o para mal, en el desarrollo de las actividades económicas.

Decisiones

Las decisiones nos traen de cabeza. Vaya galimatías tenemos encima con tanta consulta y tanto derecho a decidir. La realidad me puede y, como podrán imaginar, no iba a dejar pasar esta oportunidad para soliviantar los ánimos de mis vecinos. Si yo les dijera, para ir entrando en materia, que sólo puede decidirse lo decidible, ¿qué me contestarían?. A muchos les parecerá una obviedad. Yo, en cambio, les aseguro que la cuestión tiene su enjundia. Les pondré un ejemplo exagerado. ¿Creen ustedes que una sociedad puede, reclamando el derecho a decidir, dirimir, a través de un referéndum, si Dios existe? Evidentemente no. Estaríamos ante un acto de locura colectiva. No es lícito, por lo tanto, que la sociedad se arrogue el manido “derecho a decidir”, o que, peor aún, confunda los límites de la democracia formal, para decidir sobre cuestiones ajenas a la voluntad colectiva. La cosa se pone interesante. Porque, queridos vecinos, ¿qué ocurre, entonces, con esa idea – débil – de que las regiones de un Estado nacional puedan secesionar a través de un referéndum?