Quiero tratar de esclarecer aquí -de forma esquemática y banal- la lógica ideológica que subyace a la acción de casi todos los gobiernos contemporáneos. Es decir, aspiro a demostrar que la supuesta única “forma correcta” de hacer las cosas (digamos, a bote pronto, la que dicta el FMI y el BCE), de gobernar, también es una ideología, tan cuestionable moral y técnicamente (“económicamente”) como el comunismo, anarquismo, fascismo, etc.
«El segundo uso interesante de estos análisis neoliberales [el primero es el análisis en términos económicos de parcelas de conocimiento típicamente no-económicas, como es el caso del famoso "capital humano"] es que la clave económica va a poder -debe poder- permitir testear la acción gubernamental, calibrar su validez y objetar en la actividad del poder público sus abusos, sus excesos, sus inutilidades, la prodigalidad de sus gastos. En resumidas cuentas, con la aplicación de la clave económica tampoco se trata, esta vez, de posibilitar la comprensión de procesos sociales y hacerlos inteligibles; la intención es anclar y justificar una crítica política permanente de la acción política y la acción gubernamental. Se trata de filtrar toda acción del poder público en términos de oferta y demanda, en términos de eficacia sobre los datos de ese juego, en términos del costo implicado por esa intervención del poder público en el campo del mercado. Se trata, en suma, de constituir, con respecto a la gubernamentalidad ejercida en concreto, una crítica que no sea simplemente política o simplemente jurídica. Es una crítica mercantil, el cinismo de una crítica mercantil opuesta a la acción del poder público.
(…) La forma general del mercado se convierte en un instrumento, una herramienta de discriminación en el debate con la administración. En otras palabras, en el liberalismo clásico se pedía al gobierno que respetara la forma del mercado y dejara hacer. Aquí, el dejar hacer se invierte para transformarse en un no dejar hacer al gobierno, en nombre de una ley del mercado que permitirá juzgar y evaluar cada una de sus actividades. De tal modo queda invertido el laissez-faire y el mercado ya no es un principio de autolimitación del gobierno, es un principio que se vuelve contra él. Es una suerte de tribunal económico permanente frente al gobierno. Mientras el s.XIX había buscado establecer, frente a la acción gubernamental y contra su desmesura, una especie de jurisdicción administrativa que permitía calibrar la acción del poder público en términos de derecho, ahora tenemos una especie de tribunal económico que pretende calibrar la acción del gobierno desde el punto de vista estricto de la economía y el mercado.» Este artículo tiene más texto aquí…
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