Aun no ha saciado toda la inmensidad de su deseo

Plantar zanahorias puede ser un ejercicio sano, incluso interesante. Normalmente despreciamos las zanahorias, más si nos las pican en el potaje, de esa guisa no le gustan a casi nadie. Esta hortaliza tiene la desventaja de que no se puede rellenar, acaso rellena pudiera tener otra perspectiva gastronómica. Lo que más me mola de la zanahoria es el color, ninguna otra verdura tiene ese color, no le viene al pelo esta clasificación de verdura, que es nombre común que resulta de sustantivar un adjetivo; parece contradictorio; sin embargo el idioma tiene estos extraños atajos y retruécanos. Plantar zanahorias no llega a ser un deporte como podría ser darle vueltas a tontas y locas a la Montaña Grande, reconozco que últimamente me tiene trabado esta gira deportiva; lo mismo me pongo algún día y hago la travesía, aunque no a galope tendido; una vez lo intenté junto con mi amigo Gonzalo Mesa y todo fue bien mientras el camino era hacia el canto de abajo, pero luego me dejó tirado con la lengua por fuera, eso no se hace; pero no le tengo ojeriza por ese desgraciado lance, ni por nada. El Comité Olímpico Internacional debería reconocer la plantación de zanahorias como deporte presente en la Olimpiadas, idea que algunos de ustedes le parecerá exagerada y pretenciosa, pero ahí tienen a Zapatero queriendo hacer ver que da órdenes a Obama y nadie se rasga la vestiduras; así que sean benevolentes con mis excentricidades.