El perro del Ayuntamiento

Corren tiempos de mudanza y consternación, nuestros más arraigados puntos de referencia pueden saltar por los aires o caer por los suelos, como si una paloma reptase o una sierpe volase, lo que ya es decir; de brinco en brinco rumbo al precipicio o de victoria en victoria hasta la derrota final, tal como le pasó a Franco, quien, en nuestros días, ha terminado sin una mala calle que le llene de alegría en los celajes, donde está tan a gustito entre plumas de ángeles y susurros de serafines.